LA SINAGOGA DE CÓRDOBA, UN TESORO HISTÓRICO A MEDIO DESCUBRIR

Publicado el 09/09/2019

La Sinagoga de Córdoba, un tesoro histórico a medio descubrir

La Sinagoga de Córdoba, un tesoro histórico a medio descubrir

 

La sala de oración judía, construida en el siglo XIV, no ha dejado de dar sorpresas

 

La Sinagoga de Córdoba recibió en los primeros seis meses de este año 317.860 visitantes, lo que la convierte en el segundo monumento más visitado de la ciudad tras la Mezquita-Catedral. Declarada Monumento Nacional en 1895, tiene la categoría de BIC, que, según se ha sabido esta semana, la Consejería de Cultura va a ampliar para que dicha protección cubra también el edificio aledaño en el que ha aparecido el antiguo baño ritual judío «mikvé» de la Sinagoga y en el que se situará en el futuro el centro de recepción de visitantes.

Con más de 700 años a sus espaldas, es sin duda uno de los símbolos de la vieja Córdoba medieval de las tres culturas, pero aún así se mantiene como uno de los edificios históricos menos conocidos por los cordobeses. La construcción de la sinagoga data del año 1314, casi un siglo después de la conquista de la ciudad por Fernando III El Santo. Contra lo que a menudo se pueda pensar, este templo nunca perteneció a Al Ándalus, aunque, por su carácter mudéjar y su época, tenga muchas influencias árabes.

Su promotor, según una epigrafía que se conserva, fue Ishap Mobeb. Reinaba por entonces Alfonso XI, que era apenas un bebé. Tiempos convulsos en el Reino castellano ya que la regencia, dada la edad del monarca, estaba en disputa. Alfonso XI, cuyos restos descansan muy cerca de la Judería, en la Real Colegiata de San Hipólito, pasaría luego a la historia como «El Justiciero», por morir de peste negra en Gibraltar y también por su romance con Leonor de Guzmán. La misma fecha de construcción también certifica que los judíos cordobeses más conocidos, como Maimónides Judá Leví, nunca pudieron orar en la Sinagoga pues habían fallecido muchos años atrás, en los siglos XIII y XII respectivamente.

La Sinagoga sólo estuvo en funcionamiento como tal durante algo más de 175 años, menos de dos siglos. Dejó de tener este uso en 1492 tras la expulsión de los judíos bajo reinado de Isabel la Católica y los cristianos la utilizaron durante las siguientes centurias con diversas funciones, al tiempo que la iban adaptando en lo arquitectónico a las nuevas necesidades. Su primera función, en el siglo XVI, fue la hospital de hidrófobos, bajo la advocación de Santa Quiteria. Más tarde se le cedió el inmueble al gremio de zapateros, época en la que fue ermita en honor de San Crispín y San Crispiniano. También se cuenta que en el siglo XIX sirvió como escuela. Durante todos estos años, se le fueron añadiendo altares y otros elementos católicos, mientras que en el siglo XVIII se le colocó una bóveda de cañón de yeso y caña, que por entonces era un elemento muy a la moda. La transformación fue tal que su uso originario se fue perdiendo en la memoria de los cordobeses durante un periodo de casi 400 años.

Detalle de los atauriques
Detalle de los atauriques - VALERIO MERINO

 

El descubrimiento de la Sinagoga se le atribuye al parroco Mariano Tárrega, que, en 1884 y tras un desprendimiento de la bóveda «postiza» descubrió que debajo existían epigrafías hebreas. Aquello fue un acontecimiento y suscitó el inmediato interés de dos personalidades de ese tiempo: el pintor y conservador Rafael Romero Barros -padre de los Romero de Torres- y el jesuita catalán Fidel Fita Colomé, que, aparte de religioso, era también filólogo e historiador. Fita fue de hecho la primera persona que comenzó a desentrañar la epigrafías bíblicas que adornaban a la Sinagoga, mientras que Romero Barros fue esencial a la hora de concienciar a las autoridades cuando, apenas una década después de su descubrimiento, comenzó a ser olvidada la Sinagoga y a acumular humedades y vegetación. Gracias a sus esfuerzos se produjo la primera gran restauración.

A comienzos del siglo XX, y tras esa primera restauración a la que fue sometido el templo, hubo un largo litigio entre el Obispado de Córdoba -se sentaba por entonces en el sillón de Osio el pozoalbense José Proceso Pozuelo- y el Comité de Monumentos sobre la propiedad de este bien, que finalmente quedaría como propiedad civil, en manos del Estado. Una anécdota en este sentido tiene que ver con el jesuita Fidel Fita, que antepuso su condición de historiador a la de religioso católico y ofreció argumentos en contra de que esta sinagoga fuese propiedad de la Iglesia.

El Obispado y el Comité de Monumentos litigaron por la propiedad del bien, que finalmente quedaría como propiedad civil, en manos del Estado

La primera remodelación tuvo lugar en los años 1899 y 1900 bajo el cuidado del arquitecto Mario González Rojas, que siguió postulados de restauración muy de su tiempo, en el que se apostaba por actuaciones invasivas y a menudo poco respetuosas con los restos encontrados. Más tarde, en 1929, se realizó otra obra a cargo del arquitecto y arabista barcelonés afincado en Córdoba Félix Hernández, que eliminó muchas de los añadidos que se habían incorporado en la restauración anterior y repuso muchas epigrafías originales. Más recientes son los trabajos de las décadas de 1970 y 1980, que permitieron la apertura de la Sinagoga al público, y los de 2017-2018, que tuvieron el templo cerrado durante once meses. Lo último ha sido la excavación del vecino solar de la calle Judíos, 18, y que es donde aparecido el «mikvé» o baño ritual y restos de las murallas romana y árabe, entre otros hallazgos.

 

Mikvé o baño ritual
Mikvé o baño ritual - VALERIO MERINO

 

Uno de los aspectos que más interés y dolores de cabeza ha suscitado a lo largo de las décadas ha sido el de las epigrafías, que decoran la Sinagoga, escritas en la mayoría de los casos en hebreo, pero en algunas ocasiones también en árabe. El primero en tratar de desentrañar su sentido fue el propio Fidel Fita, al que se sumaría en los años 50 del siglo XX el gran hebraísta e historiador burgalés Francisco Cantera Burgos. Una de las dificultades que se han hallado en este campo procede del hecho de que algunas inscripciones salieron a finales del siglo XIX de la Sinagoga y acabaron en el Museo Arqueológico o en la Real Academia de la Historia. Muchas de ellas fueron recolocándose con el tiempo. Todavía hoy se producen importantes avances en la interpretación de estas epigrafías, como el que realizó en 2014 el historiador de la Universidad de Granada Daniel Muñoz. Lo que se lee en las yeserías de la sinagoga son de forma mayoritaria textos sagrados.

Otro aspecto que ha generado interés en los últimos años ha sido la vinculación de la Sinagoga con diversos conceptos matemáticos. La pasada primavera se realizó por ejemplo un paseo matemático a cargo de otro profesor de la Universidad de Granada, Álvaro Martínez, en el contexto de las actividades que impulsa la Fundación Descubre. Una de las características de la sinagoga es el uso de la geometría. Significativa de este templo es su estructura, que consiste en un cubo que culmina en una hemiesfera. Detrás de todo lo que se ve hay por ello mucha aplicación matemática, siempre al servicio de la armonía entre curvas y rectas, y una gran herencia no solo de los árabes sino también de los romanos.

Las epigrafías que decoran la sinagoga son de forma mayoritaria textos sagrados

 

La Sinagoga tuvo su polémica a inicios del siglo XX por el litigio de su propiedad y en el XXI lo ha tenido por el hecho de que se puedan celebrar bodas de rito judío en su interior. El Partido Popular lo solicitó hace un lustro, pero se encontró con la negativa del Partido Socialista, por entonces al frente de la Junta. Consideraban los socialistas que dar ese paso significaba dejar en un segundo plano el interés cultural e histórico del edificio para convertirlo en un reclamo turístico y en un atractivo económico. Queda por ver si ahora, que el PP gestiona por vez primera la Consejería de Cultura, se abrirá la mano para que los judíos puedan celebrar enlaces matrimoniales en un escenario casi único en España. De hecho, sólo existen otras dos sinagogas similares en todo el país: la de Santa María la Blanca y la del Tránsito, ambas en la ciudad de Toledo. Los populares entendían que era un uso perfectamente compatible con la conservación histórica del yacimiento pero que era una buena oportunidad para intensificar el uso por parte de la comunidad hebrea.

 

Fuente: ABCcordoba